Después de aquella aclaración, corrí hacia el cuarto de baño, como una idiota intentando controlar las pulsaciones, pero ellas, iban a su ritmo, tan alocadas como siempre.
Cerré la puerta tras de mí, intentando no hacer ruido. El ruido vino al pegar mi espalda en la puerta y dejarme caer por ella. Una vez allí, la vida se veía mucho mas miserable que desde una altura humana.
Mi cabeza era algo similar a una licuadora con ingredientes que no tenían nada que ver, mezclándose por un simple experimento de alguien sin escrúpulos.
Abrí los ojos después de un largo rato intentando hallarme, pero en lugar de eso me vine abajo. Rompí a llorar, como un recién nacido que ve por primera vez la luz. El aire no llegaba a mis pulmones, la sangre bajo la piel de los labios me ardía y su recuerdo grabado con fuego en mi mente me destrozaba. Una combinación explosiva.
El murmullo del televisor se oía lejano, y recordé que le había dicho a mi madre que me estaba duchando, así que a duras penas, me levanté del suelo congelado y tuve que enfrentarme contra mí misma. Mi reflejo en el espejo.
Mi pelo enmarañado a un lado, el lápiz de ojos fluía con mis lágrimas por mis mejillas, los labios ojos y nariz de un rojo intenso que contrastaban de forma extrañamente buena con mi tono pálido. Fruncí el ceño ante aquella estampa, y acto seguido solté un jadeo, ahogado al pensar en todo lo que quedaba a mis espaldas, sacudí la cabeza, en un intento sin éxito de salir de aquellos pensamientos.
Abrí los grifos, me desvestí y me metí en la bañera, el agua ardía pero al chocar contra mi piel me daba la sensación de que eran cubitos de hielo. La puse más caliente aún pero me dí cuenta que era mi cuerpo lo que fallaba. Las piernas no me ayudaban demasiado, así que puse el tapón y me senté en el suelo de la bañera.
Me ovillé por que de otra manera mi cuerpo se congelaba.
Al cabo de incontables minutos debajo del agua caliente mis músculos se relajaron, y yo me sentí algo más persona. Me lavé rápidamente el pelo, me aclaré y acto seguido no quedó otra que ponerme de pie. Al mirar mi cuerpo descubrí una marca intachable de borrar en mi pecho, con permanente. Sabía que el problema no sería sacar la tinta de mi piel, sino borrar lo que había bajo mis tejidos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario