La lluvia caía con fuerza sobre el asfalto humedecido por dos días de lluvia.
No llevaba paraguas ni un chubasquero, únicamente una sudadera negra lo bastante gorda para que no me calara. Llevaba la capucha echada y mis cascos ataviados en mis orejas.
En mi oído gritaba con fuerza Corey Taylor el estribillo de nuevo:
“I don’t close my eyes”.
Intenté llevar todo el camino canciones lo suficientemente duras y fuertes para no hacerme pensar, pero la voz de Corey me era demasiado familiar como para mantenerme distraída.
Puse una canción que me habían recomendado que meti por casualidad. Era un grupo que sólo sabía gritar al ritmo de una batería y una guitarra eléctrica.
Entré en un pequeño supermercado, cogí un par de cosas y esperé pacientemente la cosa.
Cuando me disponía a sacar el dinero del bolsillo saltó el aleatorio del ¡pod y comenzó a sonar “El tanto de Roxanne”.
Deposité con rapidez el dinero en el mostrador mientras en mi pecho se abría una segunda dimensión hacia el abismo más insoportable jamás creado.
Me apresuré a salir. La lluvia me recibió con más fuerza que antes. Las calles comenzaban a quedarse a solas y ya había oscurecido.
Sin pensármelo crucé sin ni siquiera mirar.
Todo pasó muy rápido.
De repente unas luces me cegaron a la vez que un pitido resonante que no venía de mis cascos me invadía. En milésimas de segundo me giré para ver que era cuando ya tenía el coche encima.
Frenó a escasos dos centímetros de mi.
Me quedé petrificada, de pie, sin ni siquiera poder pestañear, y mucho menos, respirar.
Se oyó un portazo y de repente unos brazos me tocaban con cuidado los brazos.
-¡Eh!, ¿estás bien?-decía una voz sofocada a mi lado mientras intentaba salir del shock.
No contesté.
-Joder, lo siento, no te he visto chica, ¿estás bien?-vi por el rabillo del ojo como el joven me examinaba con la mirada- Si estás mal puedo avisar a alguien y podemos llevarte a..
-No, no.. –comencé a negar con la cabeza tantas veces como pude, mascullé con la voz quebrada y seca- Estoy bien, gracias.. Y, perdona por no haber mirado.
No miré su rostro, por que sabía que si le veía, me sentiría peor por ser una inconsciente.
Dos minutos después entraba por mi casa con una sonrisa de suficiencia mientras miraba a mi madre intentando aparentar que no había pasado nada.